domingo, 22 de noviembre de 2009

La belleza de la luna


Hace poco más de un año, estaba de viaje por Buenos Aires. Era uno de esos viajes lindos, con amigos… sólo que yo no estaba en la mejor de las épocas. En ese momento de mi vida en que me sentía bastante jodida, así que la mayoría de las terminaciones sensibles de mi ser estaban a pleno.
En ese viaje llegué a sentirme profundamente sola… Esa ha sido una de las pocas veces que he experimentado de verdad la soledad. En resumen: Estaba en Buenos Aires, en una época jodida, sin tener con quien hablar…. Era el momento perfecto para que los pensamientos reclamaran atención a mis neuronas, pero yo no quería pensar si no tenía con quien compartirlo.
Extrañaba a mis amigas, aunque el tiempo de separación había sido corto. Entonces, una de las chicas con las que viajé (una adoradísima amiga) me dijo una noche: ¡Mirá la luna! Es la sonrisa del gato de Cheshire… Entonces, además de ver la sonrisa del gato, vi algo que estaba en todos lados y en cada lugar… la luna… y mientras la veía, me imaginaba al otro lado del país a mis amigas viendo exactamente lo mismo, y me sentí por un rato al lado de ellas…
¿Cuál es la belleza de la luna? Toda…
No importa que tan lejos estemos o cuánto tiempo haya pasado, siempre tendremos ese lugar para encontrarnos…
Gracias, luna, por hacerle eternamente compañía a las almas en soledad que quieren y no quieren estar tan solas

viernes, 20 de noviembre de 2009

Un pequeño cuento mío... LA MOSCA


Casiopea sufría un pequeño problema anatómico. En los momentos menos apropiados empezaba a volar hacia arriba y hacia abajo sin avanzar porque se le trababa no se qué.
El día en que Magnífico salía a hacer no sé qué, vio un puntito negro que subía y bajaba, y comenzó a seguir el movimiento con su cabeza. Se quedó como hipnotizado.
Al rato, Carpacio salió a hacer no sé qué y lo vió. Y Magnífico era Magnífico, así que se puso al lado de él a mover su cabeza sin saber por qué.
Cuando Esmerilinda vio a Magnífico y a Carpacio, sintió deseos de asentir, y fue al lado de ellos a mover su cabeza sin saber por qué.
Lo mismo ocurrió cuando salieron JuanLomé, Patricia, Jurdo, Sacrit y Miscelánea.
Las ocho cabezas asentían en perfecta sincronía.
Luego salió Lucindo. Y pensó que sería lindo negar en medio de tanto asentimiento. Así, ubicado junto a Miscelánea, comenzó a negar.
Las siete cabezas (todas excepto la de Magnífico) en perfecta sincronía se volvieron con enojo a Lucindo, quien ofendido se fue a cazar violonchelos.
Casiopea superó su traba y siguió viaje.
El único que vio a Casiopea irse fue Magnífico, que dejó de asentir y siguió por su camino.
Las siete cabezas, trabadas en perfecta sincronía y desorientadas de la misma forma, se fueron sin dejar de asentir sin saber por qué.
Hoy siguen asintiendo sin saber por qué.

Lila....